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Una luz para 8 manos years older. Andrés D. Abreu. La Habana.
El homenaje pictórico por el arribo a esa edad de irrevocable madurez constituye un pensado recorrido por momentos que lo han llevado a ser uno de los ineludibles nombres dentro del dibujo, el grabado y la pintura contemporánea cubana e internacional. Imprescindible porque ha conseguido estabilizar un estilo muy personal de crear, con respetable calidad técnica y profundo sentido humanista. Dueño es de imágenes que destacan dentro de la producción visual de estos tiempos por una penetrante expresividad singularizada en su conjugación con la experimentación formal a partir de una rigurosa base académica. Artista distinguido en varias ocasiones desde que en 1978 ganó el Premio de Dibujo del Salón de Estudiantes de Artes Plásticas del Museo Nacional de Bellas Artes y hasta en muy reciente fecha cuando su pintura obtuvo medalla de bronce como artista invitado al Salón de los Artistas Franceses del 2004. Súmense a esos premios los del Encuentro Nacional de Grabado en 1987 y la Bienal de Grabado Latinoamericano de San Juan, Puerto Rico, en 1995. Bejarano ha recorrido con su obra plástica casi toda la isla y una buena parte de los países del mundo, con reiterada presencia en espacios de EE.UU., México, Canadá y Suiza. El Convento del Carmen y el proyecto EJO en su natal Camagüey, la galería Villa Manuela, de la UNEAC en Ciudad Habana, y el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio de las Naciones, en Ginebra, estuvieron entre los recintos expositivos que le recibieron en su festivo 2004 . Espacio Abierto muestra ahora trazos de ese prolífero desarrollo profesional marcado por obras como Harakiri —grabado que se ha convertido en icono de un período sustancial de preocupaciones y cuestionamientos insulares y una praxis caracterizada por el uso de la aguja como buril para graficarlas—, exposiciones como Cabezas mágicas —colección que integró al valor de su figuración neoexpresionista en la pintura, el uso sugerente del abstraccionismo como juego formal desde la textura de lo pintado—, Imágenes del tiempo —serie donde define sus bases de indagación en la materialidad de la obra como recurso para destacar sentidos metafísicos y filosóficos, telas donde Martí es protagonista modélico de una personalidad sugerente— y Los ritos del silencio —obras demostrativas del artista consagrado y seguro, maduro como lo exige el peso de una edad que no disculpa inexperiencias, pródigo en el hacer y profundo en el pensar—. Agustín Bejarano no deja escapar ocasiones para sumar hallazgos o indagaciones, aprovecha la muestra 8 manos years older para adelantar otros rejuegos con el formato asociados a ideas cosmológicas. Su obra, con el paso del tiempo, se ha ido alejando del sentido irónico y la sexualidad socarrona para adentrarse en preguntas que viajan desde lo más íntimo hacia la razón más compleja y existencial, reflejos de los procesos globales y la duda. Hay un Bejarano más ensimismado en la universalización de los símbolos, menos extrovertido, cargado de más sombras y desiertos que dramatizan tenazmente una pintura que absorbe luz y atenciones. Ese es el autor a los 40, un hombre que ya se preocupa por adelgazar para cuidar su salud y por ganar a oficio, riesgo y perseverancia el reto de la eterna juventud que exigen las cúspides donde ha plantado su arte-árbol.
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