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Constelaciones de Bejarano. VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ.
Mediante una disposición planetaria, Agustín Bejarano ha retado el espacio
de la Galería La Acacia con sus más recientes realizaciones. Curioso resulta
el inquietante contrapunto que establece en lo interno de este agrupamiento
llamado Constelaciones: de una parte la respiración cósmica sugerida por la
museografía, la escala y los formatos de sus obras; por otro, la precisión
infinitesimal con que es capaz de fijar los más leves movimientos del gesto
pictórico.

Mirando desde la estatura del deseo (2007), técnica mixta.
A primera vista, el artista nos tiende una celada temática: pareciera estar
hablando de los misterios del universo, de los ensueños que se desprenden de
la contemplación estelar y, ¿por qué no?, de las pesadillas recurrentes del
hombre ante lo ignoto.
Una mirada mucho más atenta nos invierte el orden de los argumentos, como si
la trama sideral no fuera más que un pretexto para reflejar, de una manera
diferente a la que venía ejerciendo, los motivos filosóficos y existenciales
recurrentes en una obra que ausculta las encrucijadas del destino.
Vivo ejemplo de plasmación de una paradoja se observa en la pieza Mirando
desde la estatura del deseo. La pátina abrillantada de la resina con que
cubre la superficie acrecienta el impacto singular de una composición en la
que una de esas figuras diminutas que Bejarano ha hecho suyas se halla en la
cima de una escalera escapada de un sueño de Gaudí, con el abismo a sus
pies.
Ese mismo socorrido hombrecito, en la punta de un muelle con una embarcación
que nunca se sabe si va de ida o vuelta, o si espera o despide a alguien, se
inserta en la esquina de un espejo desahuciado por el tiempo en Paisaje
atormentado.
Si en algún momento anterior a estas Constelaciones, el crítico Rufo
Caballero observó que "con su estilo de sobriedad y síntesis, Bejarano
desautoriza el jubileo del estereotipo según el cual el Caribe es puro
colorido, fiesta y pachanga, abanico y hamaca (¼ ) y emprende un viaje al
rostro mismo de una identidad que se reconoce en el padecimiento y la
contención de la euforia", la muestra actual no solo confirma esa
apreciación, sino la ahonda desde la perspectiva de una experimentación con
los soportes pictóricos y los recursos instalativos.
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