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Catálogo. Caridad Blanco de la Cruz. La lluvia de los días, 2004. Fragmento.
...veo el mundo, pero lo que veo no es
nada en sí mismo,
mi experiencia comienza justamente cuando la memoria
interpreta, por así decirlo, asocia la imagen del afuera
con su espacio. Reconocemos, y así empezamos a sentir.
Stefania Mosca
Haber nacido en la ciudad de
Camagüey pudo ser un hecho sin trascendencia para Agustín Bejarano; sin
embargo, esto constituye un suceso insoslayable no sólo en su vida, sino
también en su desempeño como artista. La tierra y las llanuras camagüeyanas
que colmaron una buena parte de su existencia, apacibles en su prístina
presencia y ricas en parajes y horizontes, fueron desde el principio un
tópico importante en su creación. Un tópico no obstante siempre rebasado, en
medio del reino de lo abstracto y del desasimiento con las ataduras
formales, en la convulsión y el desenfreno de fenómenos naturales como los
ciclones, que tan frecuentemente cambian con su violencia, de modo abrupto,
el paisaje de las islas o de la memoria individual y colectiva desgranada en
su poética. Es como si anticipadamente moldeara su obra con clara conciencia
de que “la memoria es obviamente referencial. Pero la carga de sus
contenidos, el paisaje que nos abre cada asociación, responde a causas
irreconocibles, y acaso no determinantes de los sucesos en sí mismos”
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