Agustín Bejarano. Galería Nina
Menocal. Revista Art Nexus, No. 35, enero-marzo del 2000.
La reapropiación de estilos, los
manierismos, la inclusión del kitsch, la "cita" como recurso del
discurso estético y la fascinación por el simulacro que presenta al
mundo como un gran teatro, son algunos de los principios de la teoría
postmodernista del arte que se ven reflejados en la obra que Agustín
Bejarano presenta en esta ocasión en la Galería Nina Menocal.
La primera de las tres series que
componen la muestra es la que le da título: Paisaje y naturaleza muerta.
Bejarano retoma estos géneros -el paisaje y la naturaleza muerta-y los
desarrolla con todos sus elementos, buscando darle un giro a la ya
clásica composición decimonónica. Más que tratarse del estilo realista
que presentaba este tipo de pintura a fines del siglo pasado, lo que el
artista pretende hacer, es inmiscuirse en una búsqueda estética de temas
y componentes que le permitan explorar las fronteras de lo
contemporáneo. Finalmente, en la vanguardia todo es válido; sin embargo,
la diferencia entre lo que permanece y lo que se desvanece recae siempre
en el tratamiento. El de Bejarano da como resultado un claro acierto
pictórico.
La cacería, la segunda de las series,
reúne piezas en acrílico sobre tela de gran formato. Angeles, más
terrenales que celestes, son los protagonistas. Estas figuras asexuadas,
cuyos miembros corpóreos se ven ensamblados casi mecánicamente a las
articulaciones, poseen características tanto femeninas como masculinas.
Extraídos de relatos míticos y legendarios, estos seres angélicos
remiten lo mismo a Cupido que a san Sebastián, portando sus
tradicionales atributos.
La exquisita técnica de Bejarano como
grabador contribuye a la solidez de la composición estética y a la
perfecta resolución plástica de las piezas.
En la última de las series, de nombre
Las coquetas, Bejarano muestra gabados en hoja de acetato de mediano
formato.
Personajes femeninos que se debaten
entre el dolor y la sensualidad pueblan el universo fantasioso que el
artista desarrolla en estas estampas. Con marcadas mutilaciones físicas,
estas mujeres, que parecieran sacadas de un relato del marqués de Sade,
representan la violencia del mundo actual, y sin embargo, no dejan de
ser deseables a los ojos del espectador. Con marcadas referencias entre
históricas y literarias, las ninfas de Bejarano despiertan perversos
deseos en aquel que las mira, al tiempo que dejan percibir un aura
mágica que las hace depositarias de una inocencia irreal, aterrizada en
la perversión y el sadomasoquismo.
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