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Catálogo. C. T. Sanz. “Agustín Bejarano el paradigma del nuevo artista cubano”.
Hoy día se habla de este momento histórico con cierta nota nostálgica sobre todo por el ambiente de creatividad onomatopéyica que se respiró en el que la circulación y el debate de las nuevas ideas y conceptos artísticos originaron más de una discusión que terminó con el letargo individual y colectivo prevaleciente hasta este momento. En medio de tanto optimismo creativo muchas fueron las poéticas que se agotaron; sólo traspasaron los limites de nuestra geografía aquellas sustentadas por un por un válido criterio científico, las que dinamizaron y enriquecieron por su originalidad el entorno plástico cubano. Al finalizar los 80, se produjo un receso que desestabilizó la continuación armónica del proceso creativo. Los noventa comenzaron con el desentendimiento casi general de los problemas artísticos, eclipsados por lo dramática de la situación económica que aún vive el país. Estos años se han caracterizado por un cambio en la actitud de los creadores plásticos condicionados no sólo por nuevos intereses artísticos, estéticos y filosóficos sino también por los fenómenos de la vida diaria que directamente, afectan sus vidas como seres sociales que son. Las sistemas operativos se han transformado en complejos productos especulativos sobre problemas universales que atañen a todos los hombres. La obra de arte en la actualidad es el vehículo de expresión de los temas referidos a las más íntimas y dramáticas vivencias del creador. La pintura constituye una espada de descarga emocional hermética e introspectiva y sólo pueden ser descodificados los mensajes mediante una recepción intelectiva de los diferentes planos de la obra.
La creación plástica de Agustín Bejarano es una de las más sobresalientes y representativas de estos años. Su discurso se caracteriza por la tanscendentalidad tanto en el nivel de las ideas como en de las formas. El eje de su propuesta plástica es contrario a las formas anatómicas y descriptivas, cada sistema representa realidades tajantes en situaciones y límites que desfasan un sinnúmero de incertidumbres en el receptor sobre la certeza o falsedad de los acontecimientos que está presenciando. La obra de Bejarano posee un carácter doméstico pero entendido este concepto en dos vertientes principales: lo doméstico del hogar, de la intimidad del ser humano, de su cotidianidad vivencial en sus relaciones familiares e interpersonales y lo doméstico entendido como país 0 nación por la búsqueda de la esencia de lo cubano, de lo autóctono de lo que nos identifica y diferencia del resto del mundo. Bejarano sabe que no existe figura más adecuada para ilustrar estos conceptos que la de José Martí porque cada cubano es martiano por naturaleza la mayoría porque ha aprendido las ideas del maestro con esa mezcla de filosofía popular o sabiduría ingenua y rudimentaria que afecta nuestra psiquis desde que tomamos conciencia y al resto porque ha adquirido sus conocimientos luego de un estudio académico. Por eso una y otra vez, aparece Martí representado en sus lienzos y junto a él la figura del artista. La relación que se establece es cordial, aparentan dos viejos conocidos que unidos exploran el espacio de las ideas, de los valores espirituales que cohabitan en un nivel imperceptibles en las sociedades contemporáneas.
Bejarano manipula la imagen del cubano más universal de todos los tiempos pero la utilización no es malsana, la sostienen propósitos nobles que desmitifican y purifican la tan manida y edulcorada figura del maestro. El artista aspira a que cada superficie, bidimensional funcione como máxima que ilustre un concepto que puede guardar relación directa con sus pensamientos 0 que por el contrario actúe como negación de estos para mediante un proceso interpretativo inverso establecer una trasmisión de mensajes contrapuestos, mecanismo idóneo para estimular mentalidades aletargadas. El pintor se autorretrata junto a Martí, encarnando el personaje de un payaso-querubín, este es otro elemento inquietante de su obra y que resulta leit motiv de cada una de sus representaciones. El lienzo que mejor ilustra el "juego perverso" en el que intenta encarnar al receptor es "Memorias de ultramar", en el que a través una mezcla de humor, sarcasmo, ingenuidad o ironía, presentes además en toda su obra, nos mira atentamente desde su retrato convertido en trono, para activar la percepción del espectador y ponerlo en alerta ente el discurso del cual el mismo forma parte ineludible.
Todos los sistemas de este joven creador desatan una situación comunicativa con el receptor rica o intensa, porque este descubre atisbos de los objetos y los hechos que atañen a su naturaleza social y humana. La posibilidad de que la creación artística de Agustín Bejarano se agota es prácticamente imposible porque la realidad que lo rodea es tan vasta como prolíferas y sabias; son las ideas que pasan por su mente y habilidosas son las manos con que ejecuta la acción creativa; Santísima Trinidad que asegura el que podamos seguir disfrutando de lo obra de este portento de utopías paradigmas del nuevo artista cubano.
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