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Catálogo. Batet, J. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana, Agosto de 1996.
Precisamente, la mutabilidad pudiera erigirse(solo a primera vista) como eje ordenador de la producción plástica de Agustín Bejarano. Su continuo desplazamiento entre diferentes zonas creativas como el grabado, la pintura o el performance; el coqueteo y la incursión a fondo en disímiles técnicas (desde la colografía y la calcografía hasta la acuarela, el acrílico y el óleo) lo distinguen como un creador de amplio espectro instrumental donde, muchas veces el mismo deseo de indagación lleva a la necesaria expansión de los campos. Tierra húmeda aparece como un regreso al hombre, a su descubrimiento originario, no desde la fuerza "huracanada" que también invade su naturaleza, no a través de la pareja como unión primaria, pero sin tampoco obviarlos, implícitos desde la gracia gestora y contenedora de la tierra. Este descubrimiento obliga también a la indagación matérica. Del mismo modo que El Creador se compenetra con el barro y lo insufla de vida, Bejarano explora la pintura en su cualidad táctil, la escudriña y la compulsa al germen necesario. El resultado impone una amplia gama de texturas goteos, raspados, trazos gráficos, esquelas ante las que algún elemento (siempre el signo exacto, activador) propone el código impostergable jugando muchas veces la propuesta en los sugerentes límites de la abstracción-figuración. Así, circundando el mundo de lo onírico, lo infantil, lo mítico y emplazado desde el campo y el guajiro como apego a la tierra y culto a un componente de nuestra idiosincrasia bastante soslayado desde el ámbito plástico actual, Bejarano estructura un universo inquietante y bello, detonador del alma y los sentidos; y descalzos, al fin, descubrimos la tierra.
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